Cómo trabajo en consulta

Sin rigidez innecesaria, con evidencia y adaptado a tu realidad.

Antes de la primera consulta

Una vez que agendás tu turno, recibís un formulario para completar al menos 24 horas antes. Incluye motivo de consulta, historia clínica, hábitos, horarios, objetivos y patrón alimentario actual.

Lo leo con anticipación. Así cuando nos encontramos ya tengo un panorama real de tu situación y podemos usar el tiempo en lo que importa: analizar, acordar y empezar a trabajar.

Qué pasa en la primera consulta

Dura aproximadamente una hora.

No es una charla introductoria ni un encuentro donde "después te mando algo". En esa primera sesión ya trabajamos: revisamos lo que completaste en el formulario, charlamos sobre lo que no queda claro o necesita profundizarse, y de ahí acordamos qué tiene sentido hacer según tu caso específico.

Te vas con algo concreto: puede ser un plan de alimentación, una guía práctica, herramientas para organizar tu semana o una combinación de todo, según lo que hayamos definido. Nada genérico, todo acordado con vos.

Cómo son los seguimientos

No trabajo con esquemas fijos ni frecuencias obligatorias.

La periodicidad se define según tu objetivo y el momento del proceso. Hay quienes necesitan más acompañamiento al inicio y quienes pueden espaciar consultas. Se evalúa en cada caso, sin presión para agendar de forma rígida.

Cómo es el enfoque

No hay un formato único ni un plan prediseñado que aplico igual para todo el mundo.

Antes de proponer cualquier cosa, pregunto: qué necesitás, qué te resulta viable, qué probaste antes, qué funcionó y qué no. El abordaje se construye a partir de ese intercambio, no antes de él.

Puede incluir organización de comidas, planificación flexible, educación alimentaria, herramientas prácticas para el día a día y ajustes según síntomas, objetivos o contexto clínico. La idea es que entiendas qué estás haciendo y por qué, y que puedas manejarte con más autonomía con el tiempo.

Cuando hay antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, el enfoque se adapta: se prioriza el vínculo con la comida y se evita reforzar la restricción o el control excesivo. En los casos que lo requieren, sugiero trabajar de forma complementaria con otro profesional de salud mental.

Qué priorizo

  • Decisiones basadas en evidencia científica.
  • Estrategias aplicables en tu vida real.
  • Cambios sostenibles en el tiempo.
  • Claridad para que puedas tomar decisiones con más criterio.

Qué no hago

  • Planes de alimentación rígidos o difíciles de sostener.
  • Listas de alimentos "permitidos" y "prohibidos".
  • Demonización de grupos de alimentos.
  • Restricciones de alimentos sin indicación clínica.
  • Poner el foco exclusivamente en el peso o la composición corporal.
  • Productos o soluciones “milagro” ni promesas de resultados rápidos.

Lo que hace que funcione

El proceso avanza cuando es un trabajo conjunto. Me comprometo a adaptar el abordaje, escuchar el feedback y ajustar lo que no funcione. Lo que necesito del otro lado es participación activa y disposición real: los cambios llevan tiempo y no se sostienen sin involucramiento genuino de las dos partes.

Si este enfoque tiene sentido para lo que estás buscando:

Sacar turno